Mi mujer es holandesa y desde que llegó a Madrid, hace ya 2 años y pico, se ha dedicado a nuestra pequeña hija. Mi mujer no empezó con muy buen pie su vida en España, echaba de menos su país, no tiene buenas amigas, tiene, si, pero no buenas. Mis amigos tampoco le encajan del todo y en general, cada vez que ha intentado echar raíces, se secaba el suelo.
Por fin y tras mucho pensarlo y mucho animarle yo, ha decidido montar un negocio que le gusta: una tienda para niños, de ropa, juguetes y muebles de diseñadores holandeses. Lleva unos meses haciendo un curso en el IMADE para enterarse de todos los trámites y cómo gestionar una PYME. Mientras está tomando ese curso, yo he dedicado algunas horas muertas a buscarle el mejor local posible.
Con un presupuesto cerrado y no muy alto, he buscado calles que respondan a criterios tales como poder aparcar en doble fila, que sean bonitas con bonitas casas (igual a gente con dinero) o que por ellas se dejen ver parejas y personas con pinta de ir de compras y/o con niños pequeños. Para esto último, he puesto a prueba algunos locales vacíos, sentadome en portales cercanos, me he pasado varios ratos a horas estratégicas del día mirando y contando cuántos y quienes pasaban por la puerta.
El ganador ha resultado ser un pequeño local en la calle Fernando el Santo, con techos de más de 4 metros de altura, columnas (... bueno, sólo una) de hierro forjado, suelos gastados de barro cocido, un patio por el que entraba la luz del día y una buena pero curiosa distribución interior.
A pesar de lo horrible que estaba pintado (granate muy oscuro) a Brigitte le ha encantado, creo que ha sido un amor a primera vista.
Las negociaciones las he llevado yo con la dueña, una señora mayor de buena familia, con una pronunciada chepa y tremendamente agradable que me abrió la puerta de su -en otra época- magnífico piso en la mejor zona de Chamberí ...justo encima del local.
- ¿Marisol? Pregunto por si las moscas.
- Nicolás... da por hecho.
- Si, qué tal. Encantado. Nos damos dos besos.
La tarima ya vieja y pisoteada, muestra los nudos de la madera, paredes empapeladas con estampados de flores de lis de los años 60, muebles que, de no haber estado allí, estarían a la venta en un buen anticuario y -en este caso si- un montón de bonitas columnas de hierro forjado, me indican que Marisol es mujer de buena familia, con gusto y poco dada a las reformas.
- Siéntate, Nicolás. Me señala una pequeña butaca, compruebo que los muelles están a punto de atravesar la vieja tapicería y sin perder tiempo (será mayor, pero es una señora lista y rápida) me entrega un pequeño papel que justifica la reserva del local por 1200€. Yo saco un sobre con dinero, lo contamos y el local ya es nuestro.
A mi vuelta a casa, Brigitte me muestra el certificado del registro con el nombre definitivo de la tienda: MOOI ZO, algo así como "bien hecho" en holandés. Ya podía pasar por el resto de absurdos trámites obligatorios para dar de alta su sociedad.
Dos meses después, la tienda estaba preciosa, paredes blancas, un logotipo de múltiples colores, mobiliario de ikea muy sencillo, sólo quedaba que llegase el instalador de teléfonos, instalar (no lo logro, oye) la pistola láser que lee etiquetas, y lo más importante: que llegue la mercancía. ¡Ah! el lunes viene el del ayuntamiento para comprobar el local y la licencia que pedimos hace ya un mes y medio.
El lunes no vino nadie del ayuntamiento, de hecho nos enteramos mal, lo que recibiríamos a partir del lunes era una carta con el ok definitivo o con pegas. El jueves recibimos una carta con pegas.
A los pocos días de aquella carta, comenzaron a llegar cajas y cajas de cosas preciosas, ropa estampada distinta, juguetes de madera mejores que los habituales y mil cosas nada frecuentes en el imaginario infantil español, todo tenía buena pinta, el local, el logo, el nombre, la ropa... era una idea redonda.
Este año, tenemos una primavera que guardaremos siempre en nuestra memoria, con un tiempo fenomenal, árboles en flor, pajaritos y una bonita tienda holandesa en Madrid. Desde que Brigitte tuvo este sueño hasta que pude compartirlo con ella, mis marrones en Sigüenza o mis quebraderos con Tools han pesado menos, menos molestos ...esta tienda tiene ese "qué se yo" que nos hace mucho más felices.
HAZ ALGO, HAZ PIÑA
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