Todo se
digiere mejor en primavera ¡hasta el trabajo!
Desato mi bici, la saco por el portal, saludo a la vecina del tercero y ya en la acera salto sobre ella (la bici) para pedalear hacia mi oficina. Los cerezos de la esquina, me recuerdan que es primavera y eso me pone de muy buen humor.
Hace
poco, para dar cobijo a la creciente promotora y recién adquirida empresa de
limpieza, alquilé una práctica oficina en
Nos
cuesta muy poco, hemos pintado las paredes, tiene el suelo de linóleo azul y unos
sencillos muebles de ikea. Una zona central de trabajo con tres grandes mesas y
algunos muebles-archivador, un pequeño cuarto de baño justo al lado, que nadie
usa para asuntos serios porque la puerta parece que amplifica los sonidos desde
el WC hacia el exterior, una pequeña cocina muy soleada gracias a su gran
ventana que da a un patio de manzana, una sala de reuniones con el dintel de la
puerta demasiado bajo y que ya ha causado algún chichón y un despacho al fondo,
que da a otro luminoso patio de luces, donde planeo poner algo así como un
cuarto para pensar, completan la sede central de la promotora.
En su
interior trabajamos Eric, Lucía y yo.
Eric, compañero
de la universidad y buen amigo, se unió a este proyecto hace relativamente
poco, cuando habíamos terminado con la estructura del primer edificio rehabilitado
en Sigüenza. A día de hoy ya ha tenido tiempo para ver un montón de fases de la
construcción.
Lucía ha entrado hace bien poco, amiga de una amiga de Eric, la elegimos por tenaz, ordenada, simpática y con sentido común, nos ayuda a dar orden al tema administrativo de la empresa.
Eric es inteligente y creativo, pero al igual que yo, no estaba acostumbrado a los tiras y aflojas de la construcción, ya que venía de un sector más elegante y civilizado: consultoría. Como es normal, le ha costado digerir todo esto un par de meses, pero no le ha quedado más remedio y ya es uno más dentro del caos de la construcción.
Los tres convivimos diariamente en la sala más grande de la oficina, excepto los días de visita de obra, que dejábamos a Lucía sola todo el día. Los tres nos llevábamos bien, se nota que Eric tiene más reciente que yo la vida laboral moderna y refinada de los grandes negocios e imprime un nivel de exigencia y puntualidad a Lucía, superior al que yo mismo como director, tengo en mente.
Eric y yo,
por el momento, nos dividimos el trabajo actual, pero
en cuanto empecemos las nuevas obras, el plan es marcarnos una agenda separada y dirigir
cada uno un proyecto distinto.
Hoy he
venido en bici, pero vestido de traje, que no es muy común en mi. El asunto es
que tengo entrevistas de trabajo para cubrir el puesto de director o directora
de la empresa de limpieza. Echo un vistazo a mi futurista PALM TUNGSTEN T3, y
veo que a las 9:30 viene un tal Manuel (42 años, experiencia en el sector) a
las 10:30, una chica que se llama Ana (recién licenciada, con ganas de ganar
experiencia laboral) y a las 12:00, el único candidato válido que entró por el
anuncio de infojobs (en la palm pone “12:00 tíro de imfoiabs” …deduzco que
quise decir “…tío de infojobs”)
Cuando
ato la bici a la farola frente al portal de la oficina, suena mi móvil, mi hermano
me ha dejado un mensaje de voz. Mientras entro en el portal escucho que Juan le
ha comentado a una amiga suya lo del puesto de trabajo, que está en paro, que
trabajaba en la Fiat hasta hace un año, que era comercial y que hablase con
ella que me iba a encantar “…la tía es un hacha…” decía el mensaje.
- La llamaré luego. Pensé.
Entro en
la oficina, apunto en la pantalla táctil de la PALM el número que repite mi
hermano en el mensaje, revisando que no me equivoco con la dichosa caligrafía
de la PDA, cuelgo, entro en la ofi y le doy los buenos días a Lucía.
Dejo el
maletín con el portátil encima de mi silla y salgo de la oficina, marco el número
de la amiga de Juan, bajo las escaleras, me presento, quedamos a las 13:30 en Lagasca,
cruzo la calle y voy pensando lo al grano que va esta tal Elena que me ha
presentado mi hermano. Eric ya ha aparcado y coincidimos unos metros antes de
entrar en el gallego.
… lo que
no sabíamos a las puertas del gallego, era que estaba a punto de cometer un
gran error contratando a uno de aquellos candidatos esa misma mañana. Ese error
me costaría tiempo, estrés a raudales y mucho dinero…
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