Retrocedamos unos metros, describiré mi entorno laboral a
través de 6 factores, necesarios para entender dónde estaba yo en el último trimestre
de 2004 desde que me hice promotor… y de paso aprovecho para cambiar el tiempo de
mi narración: del pasado al presente.
En Sigüenza estamos “los veraneantes” y están “los del
pueblo”. ¿A cuál de los dos grupos perteneces? depende de allá donde pases los
inviernos. Por lo general –no siempre- Los Veraneantes tienen muchos o algunos
antepasados seguntinos y Los del pueblo en numerosas ocasiones se fueron a
alguna capital y sólo vuelven en verano. De modo que ser de fuera o estar
dentro, depende de dónde tengas tu residencia principal en este mismo instante
y cual sea tu grado de permanencia en aquella.
No pretendo dar una explicación a las múltiples tonterías sociales que cometemos, pero si demostrar que en estos momentos soy un raro espécimen en Sigüenza: mi nuevo lugar de trabajo.
Pero si no abres tu casa de Veraneante en invierno y sin embargo decides participar activamente (de lunes a viernes) en la economía seguntina, entonces no estás ni en un lado ni en el otro, y esto es lo que me pasa a mi, estoy en tierra de nadie.
Al primer factor le llamo “dilema social” y ha desembocado
por parte de la gente de Sigüenza con la que me encuentro al hacer negocios, en
un trato algo desconfiado hacia mi, mi empresa y mis intenciones en general.
EL SEGUNDO FACTOR.
También debe Ud. conocer el factor que me está costando
muchas incomodidades, se trata de mi costumbre de lograr las cosas por la vía
más rápida y práctica posible, sin rodeos, sin pérdidas de tiempo innecesarias
y si hace falta, insistiendo. Así he sido educado, las grandes ciudades o las grandes empresas te dan
esta virtud o defecto... depende cómo se mire.
En Sigüenza, me ha quedado claro a estas alturas, que es un pésimo defecto. Aquí las cosas funcionan algo más pausadas y existen ciertas formas de actuar que no se debe uno saltar, formas que yo tengo la santa manía de evitar. Por eso, en mi banco creen que soy un pesado, los del ayuntamiento comentan que no me quiero enterar de nada y el notario, que voy a todas partes corriendo y que así no abarco… A todo esto lo llamo, mi “dilema de adaptación”.
EL TERCER FACTOR
Seamos sinceros, soy un novato en mi negocio. No se mucho
de promover y menos de construir, conozco únicamente lo que he aprendido en
estos primeros dos años de experiencia, el tiempo necesario para comprar un
edificio y rehabilitarlo entero.
El sector en el que ahora me muevo es tan sencillo de comprender a primera vista, como complicado de manejar una vez estás metido. Desde la compra del edificio o suelo hasta la entrega de llaves, me paso el día corriendo en un laberinto minado de trucos y repleto de trampas.
Eso me podría convertir en un zorro del sector a los 55
años o quizás ni siquiera alcance ese nivel y tengan que ser mis hijos los que lo logren. Habría
tardado dos generaciones, y sinceramente, tengo otros planes mejores.
EL CUARTO FACTOR.
Seamos sinceros, mi socio (y administrador mancomunado
conmigo) me da mil vueltas a esto porque lo ha visto desde pequeño y además es
el constructor oficial de la promotora.
Por mucho que desde el principio se dijese que siempre
pediríamos varios presupuestos y nos decantaríamos por el mejor, la realidad es
que ninguna de las dos partes (ni mi familia ni ellos) pretendía darle los
trabajos a otro, no en vano había construido con éxito nuestros dos últimos
edificios, uno anterior a la nueva sociedad y el mencionado en este culebrón.
Así que en los inicios de la mercantil me tocó estar a
merced suya y aprender de la construcción sólo lo que él me quisiese enseñar.
A mi todo esto no me gusta mucho y en todas las empresas en las que he trabajado, he contado con independencia para elegir presupuestos y
proveedores, aquí está siendo exageradamente complicado lograr ese nivel de libertad. Pero ya no sólo es el contratista, todo, hasta
los arquitectos, viene marcado de antemano y salirse de la vía establecida
puede significar la desaprobación general y algún tipo de boicot, algo que
llamo yo, mi propio “dilema societario”.
A parte de estos cuatro factores o dilemas, existen otros
que de momento están bien sujetos y no me quitan el sueño, son el “dilema familiar”
y el “dilema intelectual”. El primero aparece porque mis decisiones y lo que
consiga esta empresa a corto, medio o largo plazo, podría beneficiar mucho o
perjudicar enormemente a mi madre y dos hermanos. El otro significa mi continua
duda de si estoy intelectualmente capacitado para esta misión, si soy
suficientemente astuto… Ambos dos factores me preocupan últimamente, pero creo
que dadas las circunstancias, no los estoy llevando mal del todo.
Comments