Llevaba tiempo dándole vueltas y dándonos pistas del tipo
“…ya no me apetece trabajar más…” o “…yo creo que voy a cerrar la empresa…”
Vale, no eran pistas, pero nos hacíamos un poco los suecos y así duraron los comentarios desde el verano de 2004 hasta ese mismo otoño. Echó las cuentas y en voz baja me dijo “se acabó, lo dejo”.
Cuando les conté a mis hermanos mayores la noticia, hablamos sin escondernos y determinamos que habría que ayudarle con su jubilación.
Ayuda, porque aunque mi padre trabajó como alto directivo de un banco, Gobernador Civil de Guadalajara, agregado de la embajada de España en Rabat unos años, y Buenos Aires otros muchos, creó prósperos negocios en Argentina y posteriormente en España, pasó también por vacas flacas y ese año 2004 fue una de ellas. Aquella montaña rusa laboral culminó –como ya he contado en este culebrón- con el divorcio de su segunda mujer y la división de la empresa de limpieza, el último negocio en sus manos. En aquel punto (invierno de 2004) su renta mensual estaba maltrecha pero lograba mantener el mínimo ritmo de vida al que se había acostumbrado desde su niñez.
El problema
era que sin los ingresos de TOOLS, la pequeña empresa de limpieza, únicamente
le quedaría una pensión de no se muy bien qué cantidad y procedencia. Las
posibles soluciones económicas para su inminente jubilación eran: 1. la que
propuso mi hermano mayor, ingresarle dinero en su cuenta todos los meses,
dinero de nuestros bolsillos. 2. Hacerme cargo de TOOLS y que fuese ésta la que
pagase parte de los gastos mensuales de mi padre. Ésta era mi propuesta como
buen devoto de los negocios, me imaginé a mi mismo levantando aquella minúscula
empresa hasta salir en algún diario económico como el joven empresario que creó
una marca en el sector donde nadie antes había sido capaz.
A mi hermano mediano le pareció más razonable la opción 1 y sin embargo con dos votos en contra y uno a favor (el mío) nos decantamos por la segunda opción.
Mi padre no me lo llegó a decir como tal, pero yo comprendí que para él, el hecho de depender de la generosidad de sus tres hijos le resultaba incómodo, mientras que recibir su renta de jubilado, de una de las empresas que él mismo creó, le parecía honroso en aquel duro momento de su retirada. Por expresarlo de otra forma, la primera opción le hacía más anciano y la segunda, más joven.
Así que tras la comida de navidad, preparamos muy brevemente cómo lo haríamos y unos días más tarde, el último día laboral de ese histérico 2004 nos reuníamos en una notaría de la calle Velázquez para firmar la escritura de cese como administrador a mi padre y nombramiento mío como el nuevo gestor de la mercantil TOOLS FOR BUILDING MANAGEMENT SL.
Acababa de heredar una empresa de limpieza, con pequeñas deudas aquí y allá, con clientes fieles y con mucho trabajo por delante. Acababa de retirar de la vida laboral a mi padre, después de décadas trabajando sin parar, me dejaba en mis manos su futuro y los dos esperábamos que yo convirtiese su necesidad en prosperidad para ambos.
La segunda
opción fue la opción correcta, no me equivoqué.
Este es el resumen de una vida laboral entorno a una pequeña empresa familiar dedicada a la limpieza de oficinas, locales comerciales o viviendas. La empresa existe, se llama TOOLS y si la contrata comprobará que su servicio es económico, moderno, detallista y muy profesional. www.grupo-tools.com y www.minuevaempresadelimpieza.com
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