Para qué seguir engañándonos. Somos tontos y punto. Los
políticos creen tomarnos el pelo, los bancos creen que nos chupamos el dedo, los del gas creen que no nos importa que nos cobren de más en cada
factura cuando no facilitamos la lectura del contador, los que te llaman por la
noche de Orange creen que si nos llaman más, picaremos, y por si éramos pocos
ahora resulta que los secuestradores de todo el mundo también creen que somos
tontos.
¡PERO! a mi me mata mi propio optimismo y a veces padezco ver cosas que no existen. En ocasiones creo que estamos cambiando el mundo poco a poco y que nos rebelamos contra esta tendencia al idiotismo. Por ejemplo, el hecho de que hoy todos miremos la pela, no nos metamos en gastos absurdos, que busquemos continuamente el chollo, hace que la economía aparque su sobreexcitación. Cada vez que le soltamos una bordería a la operadora de Orange (en el fondo lo siento por ella) hacemos que a Orange le crezcan los enanos y empiece a plantearse su telemarketing apestoso. O si aparcar el coche en tu ciudad es un tostón muy caro, terminarás cogiendo una bicicleta eléctrica, y cada vez que cojas una bici eléctrica, el planeta respirará un poquito mejor. En resumidas cuentas, Fata Morgana... que veo visiones.
Vamos a darnos un poco de tiempo, que en el fondo, somos
tontos porque lo creen unos cuantos, no porque sea verdad.
Haz algo, haz PIÑA.